La elección del cardenal estadounidense Robert Francis Prevost como el sumo pontífice de la iglesia católica marca un hito geopolítico y global. A una semana de su elección, el mundo en general se pregunta, ¿Qué esperar del nuevo papa? Y es que la elección de su nombre (León XIV) ya nos habla de una “lucha” por la dignidad del trabajo y el bienestar laboral.
Al recordar al Papa León XIII, se reactiva a mirada sobre la dignidad del trabajo que este plasmó en la encíclica Rerum Novarum en 1891. A pesar de los cambios tecnológicos y laborales de más de un siglo, las preguntas fundamentales siguen vivas:
- ¿Cómo equilibrar capital y personas?
- ¿Qué significa un salario “justo”?
Esta entrada toma como punto de partida la las preguntas que surgen de ese pulso histórico para entender por qué este debate es más que vigente más de 100 años después.
El Rerum Novarum y la dignidad del trabajo
A través de esta encíclica, el papa León XIII denunció los excesos del capitalismo industrial y subrayó derechos clave: un sustento digno para la familia, jornadas humanas y la libertad de asociación sindical. Pero, ¿qué nos dice esa encíclica en el 2025?

León XIII enfatizaba que el trabajo no es un mero contrato económico, sino un acto humano que afecta la unidad familiar y el bienestar comunitario. En la era del teletrabajo y la hiperconectividad, su llamado a respetar el tiempo de descanso se traduce hoy en políticas de desconexión digital y horarios flexibles que evitan la fatiga y protegen el espacio personal.
Por otra parte, su insistencia en la libertad de asociación (originalmente pensada para formar sindicatos) encuentra un eco en las organizaciones modernas, que practican la comunicación interna horizontal y disponen de espacios de co-creación donde todos los colaboradores son protagonistas.
Por último, destacamos e inferimos que el Rerum Novarum sigue siendo un faro para repensar la dignidad del trabajo en nuestros días: su insistencia en un sustento que respete las necesidades familiares nos inspira a crear entornos laborales donde la productividad se equilibra con el cuidado personal, mientras que su defensa de la asociación se traduce en culturas organizacionales que valoran la voz de sus colaboradores.
El legado de León XIV
Al adoptar el nombre León XIV, Robert Francis Prevost retoma conscientemente el legado social de León XIII, que defendió la dignidad del trabajo frente a los excesos del capitalismo industrial y al contexto de su época. Este gesto simbólico supone un compromiso explícito con la justicia laboral y la protección de los trabajadores en un mundo globalizado.
En su primera aparición pública desde el balcón de la Basílica de San Pedro, el nuevo papa invocó la unidad y la empatía, recordando el valor de escuchar “las voces de los más vulnerables”, una invitación que resuena con el llamado histórico a respetar el descanso y la familia en una época marcada por la hiperconectividad y las jornadas desdibujadas.
Desde una perspectiva geopolítica, la elección de un pontífice estadounidense de raíces peruanas subraya la dimensión universal de este mensaje: la dignidad del trabajo trasciende fronteras culturales y exige respuestas globales y locales.
En Colombia, el 62,65 % de las empresas ya operan bajo modelos híbridos de trabajo, y la conversación sobre desconexión digital es cada vez más urgente. Es aquí donde el legado que recoge León XIV invita a las empresas a adoptar políticas que equilibren productividad y bienestar:
- Horarios flexibles con límites claros, para proteger el tiempo propio y familiar.
- Desconexión digital efectiva, desligando notificaciones fuera de la jornada laboral.
- Espacios de co‑creación, donde todas las voces sean escuchadas y valoradas.
Aunque el pontificado de León XIV acaba de comenzar, sus primeras palabras y su nombre recuerdan que la dignidad del trabajo no es un concepto histórico, sino una práctica viva: un llamado a que líderes y equipos construyan entornos laborales más justos y resilientes, donde el valor de lo humano esté al mismo nivel que la productividad.


