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Nueva jornada laboral en Colombia: ¿Qué se queda y qué debe irse?

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Desde el año 2023, se viene aplicando progresivamente una reducción a la jornada laboral en Colombia. Esta reducción se ampara bajo el marco de la nueva reforma laboral, más puntualmente de la ley 2101 de 2021.

La reforma busca adaptar las condiciones laborales a las nuevas realidades sociales y a una perspectiva global del trabajo, promoviendo entornos más humanos y sostenibles. Su cronograma de implementación es el siguiente:

  • 2023: la jornada máxima pasó de 48 a 47 horas semanales.
  • 2024: se redujo de 47 a 46 horas semanales.
  • 15 de julio de 2025: se reducirá de 46 a 44 horas semanales.
  • 2026: se llegará finalmente a 42 horas semanales.

Esto significa, que a partir de esta misma semana las empresas en Colombia deberán reducir dos horas de trabajo a la jornada semanal con la que vienen trabajando hasta ahora. Pero, ¿Por qué? para entender el objetivo de la reforma, debemos preguntarnos: ¿Qué tan eficientes somos en Colombia durante la jornada laboral en relación a otros países?

El foco no debe quedarse solo en “cuánto” se trabaja, sino en “cómo” estamos trabajando. Por ello, proponemos ver esta transición como una invitación a repensar la organización del tiempo laboral: enfocados en resultados, en lugar de horarios extensos.

Lo que se queda: prácticas que realmente suman valor

La nueva jornada laboral en Colombia no se basa en ajustar los relojes para la hora de salida y trabajar menos; y mucho menos busca que los trabajadores hagan lo mismo en menos tiempo. Su objetivo (en pocas palabras) es trabajar en pro de la eficiencia y encontrar un balance óptimo en la relación vida/trabajo. 

Bajo este nuevo escenario, las organizaciones deben fortalecer aquellas dinámicas que impulsan la productividad, promueven la autonomía y mantienen a los equipos cohesionados y comprometidos. 

Algunas de las prácticas que se muestran especialmente eficaces en países con jornadas laborales más cortas (y con índices de productividad más altos) son:

Equipo teniendo una reunión de planeación semanal

1. Definir una planificación semanal colaborativa

Construir el hábito de tener reuniones periódicas (semanales o diarias) ayuda a construir una agenda clara y enfocada en los proyectos. Con ello, se priorizan tareas, se distribuyen responsabilidades y se coordinan las ayudas y espacios de trabajo en equipo de manera oportuna.

Un estudio sobre prácticas de daily stand‑up meetings realizado en cinco países, que estos espacios facilitan la coordinación y aumentan la transferencia de conocimiento, siempre y cuando estén orientados a la autonomía y al empoderamiento tanto individual como grupal.

2. Propiciar la autonomía y la autogestión

Muy en la línea de lo anterior, nos encontramos con una investigación de la Scandinavian Journal of Work and Organizational Psychology (Revista Escandinava de Psicología Laboral y Organizacional en español) que analizó diversos entornos laborales flexibles en Suecia.

El estudio concluyo que el autoliderazgo, entendido como la capacidad de fijarse metas y gestionar tareas de forma autónoma, se asocia con niveles superiores de energía mental, desempeño individual y satisfacción con el trabajo.

La investigación indica que la autonomía, cuando es bien ejercida, optimiza el uso del tiempo y reduce la necesidad de supervisión constante. Como consecuencia, se es más eficiente y líderes y colaboradores se ahorran el tiempo que, en otro contexto, iría destinado al seguimiento.

Sin embargo, los investigadores advierten que la autonomía por sí sola no basta: debe ir acompañada de un propósito claro, retroalimentación frecuente y una cultura de confianza organizacional. En otras palabras, lo que funciona no es solo “dejar hacer”, sino “dar contexto, acompañar y confiar”.

3. Comunicación asertiva y horizontal

Cuando las personas se sienten escuchadas, comprendidas y con espacio para expresarse, la colaboración fluye con mayor agilidad. Una encuesta global realizada por Salesforce reveló que el 86 % de empleados y ejecutivos atribuyen los fracasos en el lugar de trabajo a una comunicación ineficaz. Ahora bien, en contextos de jornadas laborales reducidas, donde cada interacción cuenta, este dato cobra aún más relevancia.

Trabajar bajo un estilo de comunicación horizontal, con conversaciones directas y espacios de escucha activa previene malentendidos, aumenta la participación de los colaboradores y reduce reprocesos. Por su parte, la comunicación asertiva apunta a mejorar el clima laboral y a que los equipos actúen con mayor enfoque y confianza. Todo esto en la línea de la eficiencia laboral, sin sacrificar calidad ni bienestar.

Qué debe irse: eliminar lo que resta agilidad

Si trabajar mejor implica reducir la jornada, también exige eliminar todo aquello que la entorpece. Como lo hemos podido evidenciar hasta este punto, la nueva jornada laboral en Colombia es una invitación a cuestionar, evaluar y reconsiderar ciertas prácticas en pro de encontrar ese equilibrio entre eficiencia y bienestar.

En ese orden de ideas, hay ciertas prácticas y hábitos que ya no tienen lugar:

Persona bostezando en reunión de trabajo improductiva

1. Cantidad excesiva de reuniones

Las reuniones improductivas son una de las principales fuentes de desgaste laboral. Según el Work Trend Index 2023 de Microsoft, el exceso de reuniones afecta la atención sostenida, la energía mental y la toma de decisiones.

2. La sobrecarga de canales y el “multitasking”

Responder correos, atender chats, revisar documentos y cambiar de tarea cada pocos minutos interrumpe el flujo de trabajo y desgasta la atención. En una investigación de la Universidad de California en Irvine, se encontró que después de una interrupción se requieren aproximadamente 25 minutos en promedio para retomar el nivel de concentración anterior.

Al trasladar este dato al contexto de una jornada laboral reducida (como se viene aplicando gradualmente en Colombia), se maximiza el impacto negativo que las pequeñas interrupciones (como el simple hecho de estar atentos a múltiples canales) puede representar para la productividad.

3. Procesos repetitivos

En muchas ocasiones, las empresas operan bajo procesos y protocolos que restan eficiencia y consumen tiempo valioso. Formularios innecesarios, solicitudes duplicadas o cadenas largas de aprobación son algunos ejemplos de diligencias que ralentizan la productividad y restan energía.

Si bien estos procesos en la mayoría de los casos ofrecen trazabilidad y son valiosos y necesarios para las empresas, el tiempo que consumen es contraproducente.

La OCDE señala que la falta de revisión periódica de los flujos de trabajo y la acumulación de tareas administrativas redundantes son factores que dificultan el aumento de la productividad en muchos países.

Por lo tanto, más que eliminar procedimientos, se trata de mejorarlos. Acortar pasos innecesarios y asegurarse de que cada diligencia aporte al resultado es clave para que menos horas de trabajo no signifiquen menos logros, sino más eficiencia.

Equipo celebrando metas cumplidas tras la nueva jornada laboral en Colombia

¿Cómo pasar del “cumplir horas” al “cumplir metas”?

El artículo 1 de la reforma que propone la nueva jornada laboral en Colombia (ley 2101 de 2021) nos habla de plantear alternativas que permitan el fortalecimiento de la productividad laboral. Esto reafirma que, al trabajar menos horas, lo que se busca es transformar la forma en que trabajamos apuntándole a culturas organizacionales más conscientes, estratégicas y humanas.

Pasar del “cumplir horas” al “cumplir metas” demanda un cambio de mentalidad por parte de las empresas y colaboradores. Requiere pasar de valorar la presencia a valorar el impacto.

Exige que los liderazgos se alineen con objetivos medibles, que los equipos cuenten con autonomía para organizar su trabajo y que los procesos internos estén diseñados para facilitar, no para controlar.

En Colombia, este ajuste progresivo a 42 horas semanales debe ser entendido como una oportunidad para evolucionar hacia modelos de trabajo más inteligentes, donde el talento se mida por su aporte real, no por el tiempo conectado. Con ese enfoque, las organizaciones pueden ser incluso más eficientes, sin renunciar al bienestar de quienes las conforman.

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