Crear desde cero o transformar una cultura organizacional en una cultura positiva, colaborativa y que dé gusto trabajar no se logra de la noche a la mañana; y es algo que va mucho más allá de la cantidad de dinero y recursos que se le inviertan. Trascender los estilos de liderazgo negativo es fundamental para lograrlo.
Hoy en día, por más que las organizaciones sean conscientes de la importancia de esto e inviertan en el bienestar laboral, seguimos viendo el liderazgo negativo como una constante en muchos equipos.
Expresiones como “liderazgo tóxico” o “jefe tóxico” ya no son cliché. Prueba de ello es un artículo de Harvard Business Review donde se explica que los líderes narcisistas suelen atraer seguidores por su seguridad y visión audaz, pero este mismo exceso de confianza deriva en falta de empatía, intolerancia a la crítica y centralización extrema de decisiones.
En un principio, los colaboradores valoran la claridad y el empuje que estos mandos muestran. Sin embargo, conforme avanza el tiempo, la insistencia del líder en mantener el control (sumada a la ausencia de reconocimiento laboral) genera un clima de inseguridad y desmotivación.
El liderazgo negativo adopta muchas caras, no siempre ancladas en el narcisismo. Pero su huella es la misma: un clima organizacional deteriorado y resultados de negocio que sufren. Entender sus señales y abordarlo de manera estructurada es el primer paso para revertir su impacto.
Señales y consecuencias de un liderazgo negativo
Como se mencionó previamente, esta clase de liderazgo se manifiesta de diversas maneras. Aquí te compartimos algunas señales para identificarlo:
1. Supervisión excesiva o Micromanagement
Al supervisar cada decisión y exigir reportes constantes, se anula la autonomía de los colaboradores y se pone en tela de juicio la confianza.
Con ello, los colaboradores pasan de aportar a la estrategia, a simplemente cumplir órdenes. Si deseas profundizar en este tema, te invitamos a leer esta entrada.
2. Falta de empatía
Desestimar problemas personales, obviar el impacto emocional de plazos apretados o lanzar juicios o críticas de manera pública denotan falta de tacto al liderar. Un entorno sin empatía eleva el estrés y socava la motivación.
3. Comunicación autoritaria
Monólogos unilaterales, sin espacio para preguntas ni desacuerdos. El feedback se convierte en reproche, no en una oportunidad de mejora.
4. Críticas destructivas
Señalar errores en público o culpar directamente a personas en lugar de procesos es un rasgo claro del liderazgo negativo. Al hacer esto, es más probable que aumente la rotación de personal y se reduce la colaboración espontánea.
Tal como lo ilustran las señales, se trata de una forma de liderar que suele manifestarse de forma gradual, hasta enquistarse por completo en la rutina.
Las consecuencias son claras, según Gallup, los equipos con alto compromiso registran un 41 % menos de ausentismo en comparación con aquellos con bajos niveles de engagement. Dado que un liderazgo negativo erosiona el compromiso del equipo, se infiere que un liderazgo negativo fomenta ausencias más frecuentes, afectando la continuidad de los proyectos y las cargas de trabajo.
¿Cómo está el liderazgo en Colombia?
Para tener mayor claridad sobre el impacto de un estilo de mando, vale la pena mirar cómo perciben el entorno laboral los propios colaboradores. Revisemos el informe sobre el ambiente laboral en Colombia de Great Place to Work.
Este informe fue elaborado a partir de más de 700.000 respuestas de empleados en más de 1 .000 organizaciones. Allí, se revelan hallazgos clave sobre los aspectos que más valoran las personas en sus puestos de trabajo.
- Índice de la transacción (92,1): las condiciones formales de empleo (salario, beneficios) siguen siendo relevantes, pero no bastan por sí solas para generar compromiso.
- Índice del compromiso (92,1): las relaciones afectivas con la empresa tales como sentirse orgulloso, respetado y comprendido, son tan decisivas como lo contractual.
- Conexión del líder: dentro del “Índice del Vínculo”, la dimensión Conexión del líder alcanzó una valoración cualitativa de “muy alta”, reflejando que la autonomía y el respeto por las ideas de cada colaborador son pilares de un ambiente de confianza.
Estos resultados muestran que, más allá de evitar un liderazgo negativo, las empresas que consiguen niveles sobresalientes de autonomía entre sus colaboradores son las que logran reducir la rotación y elevar la productividad.
En concreto, los equipos que reportaron altos puntajes en “Conexión del líder” presentaron un 20 % menos de rotación voluntaria y un 15 % mayor índice de innovación interna en sus encuestas de seguimiento.
De esta manera, la situación del ambiente laboral en Colombia reafirma que los líderes son más efectivos cuando combinan dirección clara con libertad para que sus equipos diseñen y ajusten procesos según la experiencia real. Este hallazgo se convierte en guía para cualquier organización que quiera pasar del liderazgo negativo a un estilo transformador y que empodere.
Estrategias para pasar a un liderazgo empático
En la actualidad, la empatía no es un “valor agregado” u algo que esté de más para el rol del líder; es un rasgo necesario. De acuerdo con el 2025 State of Workplace Empathy Report, 27 % de los empleados califica su organización como poco empática. Son estos mismos trabajadores quienes tienen 1,5 veces más probabilidad de renunciar en los próximos seis meses.
Frente a esta realidad, las empresas pueden recuperar la confianza y reducir la fuga de talento con algunas acciones clave sobre el liderazgo:
Trabajar la autonomía a partir de la comunicación
El primer paso para un liderazgo empático es habilitar la autonomía del equipo mediante diálogos claros y bidireccionales. Para lograrlo:
- Definir objetivos y resultados esperados, no métodos. Comunica el “qué” y el “porqué”, dejando al equipo la libertad de elegir el “cómo”.
- Fomentar preguntas abiertas. Algo muy válido es que en las reuniones grupales, los líderes inviten a los colaboradores a plantear dudas o sugerencias antes de dar instrucciones.
- Ser transparente con las decisiones. Si hay algo que se valora en un líder, es su capacidad para argumentar. Compartir el contexto y los criterios usados hace que todos entiendan el marco de acción y se sientan parte de la estrategia.
Potenciar el reconocimiento laboral
Cuando además de los logros, se reconoce el esfuerzo de cada colaborador, aumenta la conexión emocional y la motivación. Algunas formas de hacerlo son:
- Cultivar el hábito de agradecer: Es recomendable iniciar reuniones o jornadas laborales con un gesto de agradecimiento por contribuciones destacadas o actitudes positivas.
- Practicar el reconocimiento de manera pública y privada: El elogio público en encuentros de equipo o en canales internos de comunicación fortalece el orgullo colectivo, mientras que una nota personalizada, por ejemplo, un correo breve o un mensaje directo, refuerzan la motivación individual al mostrar aprecio por el impacto concreto de cada aporte.
- Relacionar el feedback con el propósito: Cada reconocimiento debe explicar el valor del comportamiento destacado. Por ejemplo, cómo una iniciativa mejoró un proceso o contribuyó a la satisfacción del cliente.
Esta conexión entre el esfuerzo individual y los objetivos de la empresa potencia el sentido de pertenencia y crea un propósito compartido. Al aplicar estas tres prácticas de manera sistemática, se crea una cultura donde el liderazgo se consolida como un eje del crecimiento colectivo.
¿Cómo revertir un liderazgo negativo?
Trascender un liderazgo autoritario es todo un proceso que requiere principalmente de compromiso individual y puede apoyarse en iniciativas y acciones colectivas.
El primer paso es tomar la decisión consciente de liderar desde la conexión y no desde el control. Para ello, es necesario abrazar una visión de liderazgo que sitúe el crecimiento de las personas y la colaboración en el centro de cada decisión.
Esa transformación exige convicción: líderes que, día tras día, elijan empatizar en lugar de imponer, reconozcan con genuino interés antes que criticar y permitan la creatividad en lugar de sofocarla.
Al hacerlo, no solo se revierten los impactos negativos del mando rígido, sino que se construye una cultura donde el compromiso, la innovación y el bienestar fluyen de manera natural.
En última instancia, ese nuevo estilo de liderazgo será el legado más duradero: el que convierta a la organización en un lugar donde todos quieran aportar su mejor versión.




