Esta decisión de los miembros de tu equipo hará que suba de nivel

Tabla de contenido

 

Introducción

Haz el siguiente ejercicio: toma cualquier objeto que tengas a la mano (lapicero, hoja de papel, un clip), sujétalo una posición más a menos al nivel de tu pecho con la mano extendida. Cerciórate que esté despejado justo entre el objeto y la zona del piso paralela al mismo.

En este momento, suelta el objeto. Lo que debe pasar, por la ley de la gravedad, es que el objeto haya caído e impactado el piso de inmediato. Luego de este suceso trata de responderte la siguiente pregunta: ¿Qué hizo que el objeto cayera e impactase contra el piso?

La respuesta más común de la mayoría de las personas es que el objeto ha caído por la fuerza de gravedad. Pero además existe otra respuesta, que no llega a la mente del común de las personas de manera inmediata: además de la fuerza de gravedad, el objeto ha caído porque tú lo has soltado.

Frases como: “Eso se cayó”, “Eso se dañó”, “simplemente dejó de funcionar”, “no se alcanzaron los resultados del mes”, son típicas de personas que no asumen la responsabilidad de los actos en los que participan.

En este artículo veremos cuáles son las causas, los beneficios y los perjuicios de comportarse con una actitud de victima ante el día a día de la vida, lo que puede transmitirse a los equipos de trabajo para mejorar su efectividad en las tareas del día a día.

 

Víctima o protagonista

Fredy Kofman, en su libro Metamanagement, nos da una excelente explicación sobre la diferencia entre víctimas y protagonistas:

“Podemos explicar la diferencia entre víctimas y protagonistas mediante un experimento. Considere que su mente es capaz de procesar solamente relaciones causales de una variable, y ante la pregunta “¿Por qué?”, usted puede ofrecer una sola razón. Matemáticamente, se representaría con la función: y = f(x)

Se trata de una súper simplificación, pero muestra una de las características fundamentales del ser humano: su restringida capacidad para procesar información. En realidad, podemos procesar más de una variable, pero nunca abarcar la infinita complejidad del mundo con nuestra mente finita.

Técnicamente, se llama “racionalidad limitada”. Sigamos con el experimento: adopte el papel de un físico y considere el siguiente fenómeno. Si usted suelta el libro que sostiene en sus manos, este cae hacia el centro de la tierra. La pregunta es: “¿Por qué cae el libro?”

La respuesta automática de la inmensa mayoría es: “por la fuerza de gravedad”, y es verdad. Le pido ahora que adopte el papel de ingeniero; mientras que el físico analiza desapegadamente la realidad, el ingeniero tiene un propósito.

Su objetivo es evitar la caída del libro. ¿Cómo procedería? Recuerde que su cerebro funciona en forma limitada: para resolver el problema, debe basarse únicamente en la causalidad descubierta por el físico: el libro cae debido a la fuerza de gravedad.

Si piensa el problema rigurosamente, descubrirá que la única solución es… eliminar la gravedad. Obviamente, esto es imposible. Por lo que, en el mundo de una variable, el libro se seguirá cayendo ad infinitum.

Tal resultado ofende nuestra sensibilidad. Sabemos muy bien que es posible evitar que el libro caiga. Simplemente debemos abstenernos de soltarlo.

La verdadera explicación de la caída del libro involucra dos variables: la fuerza de gravedad, y el hecho de que uno lo suelta. Matemáticamente: y = f (xl, x2) donde x es la gravedad (variable exógena, o fuera de control) y x2 es el acto de soltar (variable endógena, o bajo control). Ambas explicaciones son “verdaderas” en términos de su efecto causal.

Pero cada una de ellas es “falsa” en tanto se la proponga como la única causa del fenómeno. El problema en este experimento mental es que yo le he impuesto la restricción de escoger una sola variable.

 

¿Cuál es el criterio para elegir entre dos opciones igualmente verdaderas?

Este criterio es lo que distingue a la víctima del protagonista. Mientras que la víctima se concentra en las variables exógenas (las circunstancias fuera de su control), el protagonista se concentra en las endógenas (las acciones que puede emprender para responder a las circunstancias).

Mientras que la víctima se ve como ente pasivo sobre el que actúan las fuerzas de la fatalidad, el protagonista se ve como ente activo, capaz de forjar su destino.

Para tomar un ejemplo más cotidiano, recuerde alguna ocasión en la que alguien llegó tarde a una reunión. Si se le pregunta qué le sucedió, lo más posible es que responda algo así como:

  • “¡No puedes imaginarte lo pesado que estaba el tráfico!
  • ¡Esta ciudad se está poniendo imposible!”

¿Cuál es la variable explicativa?: “el tráfico”. ¿Quién tiene la culpa?: “la ciudad”.

¿Quién es el que debe cambiar de conducta para que la persona llegue a tiempo?: “los otros conductores que ocupan las calles”.

Esta explicación es “verdadera”; es cierto que si no hubiera habido tráfico la persona hubiera llegado a tiempo. Pero también es “debilitante”, a menos que los demás (sobre los que el individuo no tiene ninguna influencia) modifiquen su comportamiento, seguirá llegando tarde.

 

Pasa de víctima a protagonista

Así como el primer paso del aprendizaje es la declaración de insatisfacción e ignorancia, el segundo paso es asunción de responsabilidad frente a las circunstancias. No se trata de negar las condiciones externas que uno enfrenta, sino de enfocarse proactivamente (como dice Steven Covey en Los siete hábitos de la gente altamente efectiva) en aquellos factores en que se puede influir.

Quien se imagina la vida como una partida de naipes, obviamente no puede elegir las cartas que le tocarán. Tal cosa queda al del destino y el azar. Pero igualmente obvio es que uno el que elige cómo jugar esa mano.

Enfocarse en el reparto de cartas genera una sensación de impotencia; enfocarse en las decisiones del juego genera una sensación de poder. El precio del poder es la responsabilidad.

El cuento de la víctima y el del protagonista son justamente eso: cuentos. Cualquier situación puede ser presentada desde ambos puntos de vista. La decisión más importante del ser humano es, tal vez, la de elegir cómo contar la historia de su vida. El libre albedrío no implica que el universo deba ajustarse a nuestros deseos.

El libre albedrío es la posibilidad de la conciencia de tomar la realidad como materia prima de una obra de arte vital, en vez de asumirla como una camisa de fuerza. Si es tanto más efectivo hacerse responsable, ¿por qué es tanto más frecuente hacerse víctima?

______________

Referencias 

  1. Kofman, F. (2001). Metamanagement: La nueva con-ciencia de los negocios (1st ed.). Granica.
  2.  Alaimo, M. (2018). Víctima o Protagonista | Martín Alaimo | Agile Coach & Trainer. Retrieved from http://www.martinalaimo.com/es/blog/victima-o-protagonista

Comparte en tus redes!!

Esta entrada tiene un comentario

  1. Muy buen artículo. Gracias!!

Deja un comentario

© Impacta es una marca registrada. Todos los derechos son reservados.

Hecho con amor desde Medellín - Colombia por Impacta Experiencias Activas